Es porque parecen mujeres

Las muñecas sexuales fueron inventadas por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Fue la solución propuesta por las SS para evitar que los soldados fueran contagiados de sífilis por las prostitutas francesas.

Desde entonces, los hombres, porque aceptémoslo, han sido hombres, han ido perfeccionando sus creaciones hasta llegar a las conocidas “muñecas hiperrealistas”. Y ya de paso hipersexualizadas porque ¿qué hay mejor que una muñeca que, además de parecer una mujer, se acerca a la “mujer perfecta” que nuestra sociedad machista ha implantado en el imaginario de los hombres?

El nuevo auge de los prostíbulos con muñecas hiperrealistas es como no, machista. Una muñeca de estas características no es solo un juguete sexual, estas muñecas deshumanizan a las mujeres. Los clientes de estos prostíbulos generan relaciones con estas muñecas que se asemeja al intercambio prostituta-cliente, que básicamente se basa en satisfacer únicamente las necesidades y deseos del cliente sexual. El auge de estos prostíbulos, en los que, por el módico precio de 80 euros pueden usar hasta destrozar (literalmente) a una muñeca que parece una mujer real, demuestra los horrores de la violencia hacia las mujeres, especialmente las prostitutas, vistas como seres inferiores por lo que se justifica que puedan ser usados como objetos sexuales.

Muchos medios hicieron eco de la brutalidad con la que los hombres habían tratado algunas de las muñecas de Lumidolls, la empresa que abrió un burdel de estas características en Barcelona. Las muñecas estaban aplastadas y magulladas hasta el punto de que les habían sacado la silicona que contenía. Los medios hablaron de ello desde la burla sin preguntarse qué había más allá de estos comportamientos. “Mejor que se lo hagan a las muñecas que a mujeres reales”, decían algunos, como si estos puteros no tuvieran disponibles a ambas: a mujeres reales y muñecas hiperrealistas. ¿Acaso los hombres son con un instinto que los hace necesitar, biológicamente, la depredación del sexo opuesto? ¿Seres incapaces de controlar sus impulsos? ¿Sentimos estas necesidades las mujeres hacia los hombres? ¿Las sienten las mujeres a las que les gusta otras mujeres? No, porque no hay nada biológico en estos comporamientos. Lo que hay es misoginia y una sociedad machista. Tampoco son hombres enfermos, son hijos sanos del patriarcado.

 

¿Machismo? No:

 

 

El periodista de Código Nuevo considera que es una buena iniciativa para disfrutar del sexo sin tabús, “sin tener que dar explicaciones, sin tener que justificarse”. Por supuesto que no, porque estas muñecas no solo se asemejan a lo que el patriarcado quiere de nosotras en cuanto a lo físico, sino que también en lo que se espera de nuestro comportamiento, estas muñecas jamás se quejarán o dirán que no.

Estas muñecas no representan a algo, representan a alguien, a la mitad de la población. Casualmente, aquella mitad que sufre violencia sexual.

Porque si estas muñecas ponen cachondos a los hombres es justamente porque son hiperrealistas, si pagan para acostarse con ellas es porque parecen reales y si las destrozan es porque parecen mujeres y lo único que nos diferencia de ellas es que destruirlas no está penado, aunque no nos engañemos, si las destruyen es también porque parecen mujeres.

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